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miércoles, 4 de diciembre de 2013

EL DECADENTE ESPÍRITU DE LA NAVIDAD EN EL CAPITALISMO

“Aquí está la Navidad, pon tus sueños a jugar”
- Campaña de la Lotería de Navidad, 2013 -



Artículo publicado en la revista digital de los CJC, Tinta Roja

Con la llegada de los festejos navideños a la vuelta de la esquina, un año más se cierne sobre las cabezas de las clases populares y arrecia cada vez más fuerte el habitual e indiscriminado bombardeo de anuncios publicitarios que, si bien no cesan en ningún momento durante los 365 días que tiene el año, es en estas fechas cuando se intensifican de forma desmesurada las campañas comerciales de muchas de las empresas más poderosas, que buscan multiplicar al máximo posible sus beneficios llamando a la clase obrera al placer del consumo desorbitado y de un falso, sintético y fugaz bienestar que devuelve a quienes puedan permitírselo la ilusión de ese estado irrecuperable que el sistema ofrecía hace apenas cinco o seis años, cuando el sueño de una vida estable dentro del capitalismo todavía era para muchos una realidad alcanzable.

Al chaparrón de infinidad de ofertas, rebajas de precios y juegos de azar que no hacen sino alimentar falsas y alienantes esperanzas, se añade una de las características más significativas de la fraudulenta ideología de los gigantes del consumo, que consiste no solamente en hacer creer al usuario que puede permitirse vivir por unos días en el interior de una fiesta de Isabel Preysler, sino que de una forma mezquina se encarga también de generar necesidades que no son tales, mediante la propaganda constante e insistente que alienta a la compra de tal o cual producto que sencillamente “no puede faltar estas navidades en ningún hogar”. Ya sea mediante el ingente despilfarro de alimentos o de la compra de juguetes que hagan las delicias de los más pequeños y de sus ilusiones, y los vayan preparando para un futuro despiadado pero con muchos adornos de colores, el objetivo es crear una alegre aunque asfixiante atmósfera para que una vez al año, los trabajadores puedan sacar por unos momentos la cabeza a la superficie y exhalar un soplo de aire, aunque sea del aire viciado y corrupto del Espíritu de la navidad en el capitalismo, que huele a miseria y castañas asadas.

Pero el artificio de la Navidad nos lo podemos encontrar no solamente en las campañas publicitarias de las grandes firmas nacionales y multinacionales, también lo encontramos en unas cifras nada halagüeñas para la clase trabajadora. Según la empresa de trabajo temporal Adecco, durante estas fiestas navideñas se crearán unos 200.000 puestos de trabajo, lo cual que se nos plantea como algo positivo ya que se prevé que el empleo aumentará un 5% más que el año pasado. Esto no supone más que un considerable aumento del trabajo precario en forma de contratos eventuales o de obra y servicio, o lo que es lo mismo, personal que durante no más de dos o tres semanas se encargará de cubrir por el salario mínimo todo el trabajo extra que conlleva para las empresas la celebración del nacimiento del niño Jesús. Empresas que son expertas en la vulneración de los derechos de los trabajadores, que extorsionan a sus empleados, les prohíben sindicarse y persiguen a quienes ya lo están, como es el caso de Mercadona. Grandes superficies como las que recientemente firmaron un convenio que se saldó con una congelación salarial hasta 2016, y con la conversión de domingos y festivos en días plenamente laborables. Un convenio con el que el personal de este tipo de cadenas se encuentra trabajando más horas y cobrando un 20% menos en firmas como Carrefour, Alcampo o Ikea. Otras firmas decidieron descolgarse de este convenio aplicando además una reducción adicional de un 15% del salario de sus trabajadores y eliminado su seguro médico a pesar de cosechar notables beneficios, como es el caso de la Fnac. Explotadores natos como Inditex, Cortefiel o El Corte Inglés y otras muchas empresas de alimentación, de textil, de mensajería y distribución o de hostelería, - este último, uno de los sectores más precarios y con mayor presencia juvenil ocupando sus puestos, - incrementarán sus beneficios a costa del sudor de la clase trabajadora, y esto es algo que los comunistas no podemos pasar por alto.

El capital necesita completar a toda costa su ciclo de producción, y para ello se sirve entre otras muchas cosas, de la cultura del consumo para aumentar su tasa de ganancia. En este sentid, como ejemplo más significativo del decadente natural funcionamiento del capitalismo, tenemos estas fechas de origen religioso en las que cada vez de forma más indiscriminada, se nos acribilla con propaganda destinada a alienar y envilecernos, generándonos necesidades falsas o acrecentando las que ya tenemos, ya que centrando el consumo únicamente en las necesidades reales del conjunto de la clase obrera, no obtendrían suficiente cuota de ganancia. Para esto hay que engañarla y exprimirle hasta la última gota. Aunque eso sí, dándonos a entender con horripilantes anuncios y decrépitas tonadas que nuestra suerte puede cambiar comprando lotería. 

Pero las trabajadoras y los trabajadores no vamos a poner nuestros sueños a jugar por un futuro de cuento de hadas, sino que vamos a conquistar una realidad mediante la lucha y la organización, porque ya no creemos ni en Santa Claus, ni en los Reyes Magos ni en un futuro digno dentro del capitalismo.

- Kevin Laden -

lunes, 25 de noviembre de 2013

25-N: LA VIOLENCIA DE GÉNERO MÁS ALLÁ DE LOS GOLPES FÍSICOS


"La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso."
- 
Erasmo de Rotterdam
-



Artículo publicado en la revista digital de los CJC, Tinta Roja

Que el capitalismo genera violencia no es algo que hayamos descubierto recientemente, aunque lo que sí hemos visto en estos últimos años es que éste la agudiza conforme se va sumergiendo en su propia crisis, mientras chapotea para no ahogarse y va dando desesperados aunque precisos coletazos en su intento por preservar su vida.

El estudiantado obrero y de extracción popular o los trabajadores que cada vez se aproximan más a la línea que separa la esclavitud del trabajo asalariado son sólo dos de las víctimas más perjudicadas por estos coletazos, pero hay otra que viene sufriendo no solamente la creciente agresividad de los golpes que propina el capitalismo agónico, también los de otro monstruo que, lejos de estar hundiéndose como lo hace su hermano pequeño, permanece en tierra firme y con los pies fuertemente enterrados en el suelo y aferrados a él. El patriarcado muestra su rostro desprovisto ya de máscaras que disimulen su expresión de horrible criatura, de inmunda bestia que a su paso tortura, esclaviza y asesina de manera inmisericorde y gozando de plena impunidad.

Desde los medios de comunicación se nos enseña únicamente una sola parte de este semblante, la parte meramente doméstica, que nos es mostrada tan solo cuando ya es más que evidente y resulta imposible de ocultar, cuando ya se ha derramado la sangre sobre el suelo o ha salpicado el rellano de la escalera y el caso ya no sirve más que como carnaza para los informativos del mediodía.

Ya son 44 las mujeres que han sido víctimas de la violencia de género en lo que va de este año que acaba, la parte más visible y dramática de una larga historia de dominación y supremacía, pero no la única. En el marco de crisis sistémica en el que nos encontramos envueltos, entre sentencias irrisorias contra los agresores y farisaicas campañas que nos muestran a la mujer como una criatura frágil e indefensa que lame sus heridas acurrucada en un rincón, podemos ver cómo los recursos destinados a ayudar a mujeres maltratadas como las casas de acogida o los centros municipales de asistencia ya están condenados a la desaparición, así como las ayudas a la maternidad, que con su aniquilación tan solo se pretende aumentar y preservar los viejos y estériles valores de dependencia hacia el sujeto masculino, en el caso de que éste decida hacerse responsable. A todas estas trabas se suma la de la privatización del aborto, que dificulta todavía más la libre elección en el ámbito reproductivo. Por consiguiente debemos entender que la mujer es débil por si sola tanto como lo es el hombre ante este sistema despótico, como lo es cualquier sujeto cuando no está organizado ni es consciente de su condición de explotado. Debemos entenderlo e interiorizarlo para hacer frente a unos cánones impuestos desde hace siglos, que nos muestran a la mujer como un ser vulnerable por naturaleza que poco ha de decidir sobre su futuro a parte de los nombres que les pondrá a sus hijos.

La creciente violencia contra las mujeres es un ejemplo flagrante de hacia dónde apuntan y en qué lugares pretenden herir los golpes que asesta el capitalismo de la mano de su más fiel aliado, el sistema patriarcal caduco y recalcitrante. La división sexual del trabajo destinada a negar a la mujer como productora y condenarla al ostracismo doméstico y por tanto a la dependencia del hombre, la doble explotación como obreras y como sexo débil o la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina son los moratones que provoca el sistema a través no solamente de un marido, sino también del magistrado que alega que una denuncia es falsa y falla en favor del acusado, o del patrón explotador que somete a la cajera del supermercado o a la empleada del almacén de cítricos a base de contratos basura, impagos, extorsiones o despidos improcedentes.

Ante un panorama tan desolador, se hace urgente una respuesta organizada, por parte de hombres y mujeres, que golpee como un solo puño al patriarcado y al capitalismo que lo secunda. Porque la violencia brutal que sufren las mujeres en todos sus sentidos, deja más marcas de las que se pueden ver a simple vista.

-Kevin Laden -

miércoles, 1 de mayo de 2013

1º DE MAYO, PLEGARIA PARA UN TRABAJADOR

“Yo soy obrero,
este Mayo es mío.
Yo soy campesino,
este Mayo es mío.”

- Vladimir Maiakoski (Mi Primero de Mayo, 1918) -



Todos los días, absolutamente todos los días debe de ser librada la guerra abierta de la clase trabajadora contra sus opresores, y más en el momento histórico en que nos encontramos actualmente, en el que esa guerra nos ha sido declarada a golpe de corneta y ya no tiene vuelta atrás. Todos los días deberían ser para los obreros. Entonces, ¿por qué celebrar el Primero de Mayo?, se pregunta el trabajador mientras enjuga el sudor de su frente con el dorso de la mano. No hay nada que celebrar, ni por qué ser partícipe de una descafeinada marcha de pactos, traiciones, plástico rojo y chalecos reflectantes, de eso no cabe ninguna duda, y el trabajador es el primero en darse cuenta. Pero sí hay mucho por lo que luchar, mucho que defender y mucho que reconquistar con suma premura.

Se conmemora hoy el inicio de una masiva huelga con más de 200.000 participantes, el trágico desenlace de la Revuelta de Haymarket, la reivindicación de la jornada de ocho horas y la memoria de los Mártires de Chicago. Se conmemora, en definitiva, la lucha histórica de la clase obrera contra la explotación del hombre por el hombre. Están en juego, además, los derechos más primarios de esta clase, aquellos por los que otrora batallaron hasta la extenuación y vieron su cuello dentro de una soga quienes se supieron desheredados, quienes entendieron que no habría conquistas si se andaba del lado de la patronal, y que un obrero lo es todo, pero si camina junto con otros cientos, miles, millones de obreros que como él, se han cansado de suplicar. Cabe recordar no solamente a las ocho víctimas de aquella tragedia en un país donde, triste ironía, en el Primero de Mayo se celebra el “Día de la Ley”, sino también a todos esos hombres y mujeres que señalaron un sendero para todos los proletarios del mundo, en lo que Lenin calificaría como el “despertar a una vida de conciencia de clase”.

6.202.700 de personas privadas de su derecho al trabajo son motivo suficiente para seguir ese sendero. El 57,2% de una juventud que debería estar ya organizada y librando batalla en defensa de un futuro lejos del abuso y la iniquidad de la dictadura del capital. Los hijos, los nietos de los braceros de un sistema tendente a la reacción y a la inhumanidad. Pero hoy quieren, como han querido siempre, que el explotado olvide, que cierre los ojos a la lucha de clases y sueñe con vivir como sus explotadores, mientras sus condiciones se asemejan cada vez más a las de una bestia de carga. Quieren que ignore de lo que es capaz si se organiza, si su individualismo se convierte en solidaridad de clase y su pasividad en una percepción nítida de la realidad que lo sitúe de nuevo en el combate, para que nunca vuelva a bajar la guardia. Si en Cuba, este 1 de mayo decenas de miles de estudiantes y trabajadores saldrán a la calle para reivindicar su Revolución, y otros tantos miles de venezolanos manifestarán su apoyo al presidente obrero y su más profundo rechazo a la oligarquía pro imperialista, aquí no podemos más que constituir un bloque revolucionario y solidario que garantice un cierre de filas ante la barbarie capitalista, ante la condena que esta supone para el trabajador, y ante los perros de presa que la defienden por unas menudas migas del suelo.  

- “Hágase por fin tu voluntad aquí en la tierra,” – decía Víctor Jara en su Plegaria para un labrador, - “danos tu fuerza y tu valor al combatir.”
Le rogaba en su canción a aquel que trabaja la tierra, como si de un ente divino se tratase, como quien le reza a un dios que no es consciente todavía del poder que sus manos poseen. Por eso le recordaba quién es el que maneja el curso de los ríos, y terminaba con un tradicional amén. Que así sea.

- Kevin Laden -

viernes, 8 de marzo de 2013

8 DE MARZO: HOY NO ES EL DÍA DE TODAS LAS MUJERES


”En lo que respecta a la mujer proletaria, es la necesidad del capitalismo de explotar y buscar incesantemente mano de obra barata lo que ha dado lugar a la cuestión femenina. Por tanto, la batalla de la mujer proletaria no puede ser igual a la que la mujer burguesa libra contra el varón de su clase.”


Aunque lo que verdaderamente pareció demarcar el ya de por sí difuso origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue el incendio que asoló la neoyorquina fábrica de “Triangle Shirtwaist Company”, en el que fueron encerradas 140 trabajadoras – además de seis trabajadores – que acabaron muriendo calcinadas o asfixiadas por el humo, lo cierto es que quizá el germen de este día lo podamos encontrar en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. En ella, la dirigente comunista y ferviente luchadora feminista alemana Clara Zetkin manifestó la necesidad de la existencia de un determinado día de lucha para las mujeres obreras. Si bien de esta conferencia no saldría una fecha específica y a partir de entonces el día variaba según el país, fue cuatro años después cuando Alemania comenzó a celebrar este día en la fecha del 8 de marzo. Más tarde se produciría en Petrogrado un fuerte levantamiento por parte de las trabajadoras del sector textil contra la explotación, la desigualdad y la miseria que padecían bajo el dominio zarista, dando lugar así a una masiva huelga que sería decisiva para la primera fase de la Revolución Rusa, conocida como la Revolución de Febrero (estos hechos ocurrieron un 23 de febrero según el calendario juliano, 8 de marzo según el gregoriano u occidental), así como para el reconocimiento a escala internacional de la fecha. Aunque su asentamiento oficial y definitivo no sería hasta la Conferencia de Mujeres Socialistas que se celebró en la URSS en 1921. 

En nuestros días se celebra sencillamente el Día Internacional de la Mujer desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas decidiera en 1975, en un claro ejercicio de manipulación histórica, arrancar de un plumazo  cualquier carácter de clase que este día pudiera haber tenido en el pasado, borrando de la memoria colectiva la directa conexión que existía entre la lucha de las mujeres por su emancipación y la Revolución Socialista de Octubre. Hoy nos presentan el 8 de marzo como una reivindicación de naturaleza interclasista en que la mujer manifiesta su feminidad a golpe de bailes y cánticos, y pasan a un segundo plano sus más justas batallas, como son la violencia que ejerce sobre ellas el patriarcado dejando al año centenares de víctimas en todo el mundo o la doble explotación que sufren en sus puestos de trabajo como mujeres y como clase obrera. Se reducen las que históricamente han sido las principales luchas de la mujer trabajadora a meras reclamaciones de igualdad de género cargadas de benevolencia y folclore, y son despojadas de cualquier atisbo de combatividad que pueda convertir al sexo débil en ese tan temido ente que piense y actúe por sí mismo, como lo son todas aquellas mujeres que saben que junto a la burguesía no hay igualdad posible. Hoy la burguesa bien posicionada se viste de feminista y grita a los cuatro vientos que quiere derechos mientras haya un periodista cerca para dejar constancia, mas no dice que exige “pan y paz”, sino que pide igualdad y respeto, perpetuando así la vieja concepción de que la mujer es una criatura frágil a la que hay que mimar y defender, pero jamás instar a que alce el vuelo y tome los mandos de su propia guerra, no vaya a ser que esto suceda y que el fantasma de Lydia Litvak despegue de nuevo. 

Al sistema capitalista no le interesa ni le ha interesado jamás acabar ni con el feminicidio, ni con la desvalorización del trabajo ni con la explotación laboral tanto de clase como de género, pues la desigualdad y la opresión son inherentes al capitalismo e imprescindibles para su natural funcionamiento. Es por tanto más que un requisito, una obligación moral el arrebatarle a las instituciones lo que sin duda fue uno más de los logros del proletariado, el dejar patente y no olvidar que las sendas de las mayores conquistas sociales han sido dibujadas con las huellas de pasos de mujeres, las mismas huellas que han de marcar hoy el camino que las conducirá junto con el resto de la clase oprimida a la ruptura definitiva con el capitalismo que nos exprime a todos y a todas, y con el patriarcado como su inseparable apéndice y encargado de exprimirlas exclusivamente a ellas todavía más. La mujer obrera es por tanto un ser socialmente desamparado, pero igualmente implacable en la contienda y aquí la historia me da la razón. A nadie conviene olvidársele ni en un día como hoy, ni nunca. Hoy es un día de luchadoras, no de cobardes.  

- Kevin Laden -

jueves, 21 de febrero de 2013

CAPITALISMO Y CORRUPCIÓN, UNA MISMA COSA


”...si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa.”
- V. I. Lenin (Marxismo y reformismo) -


Cuando un solo trabajador no encuentra más vía de escape que lanzarse por la ventana o quemarse a lo bonzo para desembarazarse de las deudas que lo asfixian, significa que ha llegado el momento de plantearse seriamente hasta dónde estamos dispuestos a seguir andando de la mano del mal que con tanta agresividad nos golpea cada día. Cuando el trabajador se lanza por la ventana o se prende fuego una, dos y hasta tres veces por semana, significa no sólo que ha llegado, sino que llegó hace tiempo el momento de interceptar la causa de ese mal y darle muerte de una vez por todas. Pero llegados a este punto, es de suma importancia que no nos confundamos a la hora de reconocer al enemigo, o estaremos continuamente dando vueltas en círculo y cayendo una y otra vez en la misma trampa. Y es que desde el inicio de la crisis se ha venido dando cada vez más pie a una constante personificación de cualquiera de las muchas adversidades que a consecuencia de las medidas de la burguesía se han ido acentuando hasta llegar a la insostenible situación en la que hoy nos encontramos (que en todo caso siempre será mejor que la de dentro de un mes). El problema parece que no se le escapa a nadie, y tiene nombres, apellidos y siglas. Nuestra rabia se ha ido centralizando única y exclusivamente en políticos, empresarios y banqueros hasta terminar viéndolos como el único mal supremo, y no como meros gestores del capitalismo. Algo falla cuando el análisis de una gran mayoría es el siguiente: si el PSOE lo inició todo, ahora Rajoy no es que lo esté arreglando precisamente, y tanto ellos como sus colegas de partido tienen o han tenido un denominador común, el del desfalco y la corruptela como formas de entender la política, y por tanto, ese debe de ser el mal a exterminar.


¿No serán en realidad las atrocidades que denunciamos y que creemos foco de todas nuestras desdichas meras cortinas de humo para desviar nuestra mirada de la llave que podría abrir las puertas a una sociedad más justa? Si hay algo sobre lo que no hay duda es que vivimos en un sistema corrupto, y decía hace poco un camarada que pocas expresiones hay más revolucionarias que preguntar porqué. Si nos preguntásemos por qué motivo el gobierno y las instituciones se encuentran infestados de corrupción, en lugar de cargar una y mil veces contra tal o cual por ser un chorizo, quizá hallaríamos respuestas. ¿Por qué los sobres de Bárcenas nos hacen enrojecer de ira - o perder nuestro tiempo haciendo fotomontajes en facebook - en lugar de cargar contra el sistema que genera tal conducta? Debe de ser porque en Islandia una gran rebelión popular bien provista de cacerolas forzó a que se juzgara a políticos y banqueros y a que se redactara una nueva constitución, lo cual puede resultar seductor, cuanto menos. Puede que para quienes siguen soñando con que la burbuja de bienestar en la que vivían hace un lustro vaya a regresar para envolverlos de nuevo, Islandia suponga un ejemplo a seguir, pero lo cierto es que aquí la realidad es bien distinta, y las medidas ya implantadas tienen lo mismo de inhumanas que de irreversibles dentro de las estructuras del sistema capitalista. Podemos seguir soñando con que se juzgue y encarcele a Botín o a de Guindos por simple presión popular, podemos gritarlo a los cuatro vientos o podemos sugerírselo a una pared, en cualquier caso el resultado que obtendríamos sería el mismo.


Claro que la corrupción resulta algo deleznable y no falto de trascendencia, claro que merece ser castigada en vez de premiada o pasada por alto. El robo al pueblo siempre ha de ser castigado. Ahora bien, gritarles que dimitan no solamente no es la solución, sino que corremos el grave peligro de dar paso a un puñado de tecnócratas operando con total impunidad y al fin y al cabo sería lo que hemos estado reclamando. Mucha gente se alegró de la dimisión de Esperanza Aguirre, pero ésta no se encuentra hoy cargando pedruscos en un campo de trabajos forzados, continúa haciendo política y se ve a leguas que algo trama, además de que ni siquiera fueron las voces que venían reclamando su dimisión hacía años las que indujeron su renuncia. ¿Y la situación del País Valenciano ha mejorado tras la dimisión de Camps? No lo ha hecho, como tampoco la enseñanza se dejará de mercantilizar si el ministro Wert renuncia mañana a su cargo por no poder soportar el peso de la culpa. Ni tan siquiera la Corona estaría exenta de ser reemplazada por otro modelo si fuera menester a los intereses del capital financiero. En Grecia experiencias pasadas nos demuestran lo que vale un referéndum bajo la bota de la Unión Europea, y unas elecciones anticipadas no supondrían más que una leve molestia para la burguesía, que acabaría posicionando de nuevo sus fichas. Decía recientemente Julio Anguita en una entrevista para La Sexta que la solución radica en “que ningún ciudadano vuelva a votar a ningún corrupto”, un vago análisis para un asunto que es tan grave como complejo.

En mi firme opinión, la base del problema, su núcleo, es el capitalismo, y el capitalismo no admite reformas ni estará jamás dispuesto a dimitir por más que se le grite. Encarcelar a políticos y banqueros debiera ser si no el último, uno de los últimos síntomas de un cambio estructural muchísimo más profundo y que iría más allá de poner una tirita aquí y un parche allí. La completa superación de un sistema corrupto, obsoleto, plagado de contradicciones y condenado a desaparecer para ser reemplazado por otro más justo. El socialismo.

- Kevin Laden -