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lunes, 25 de noviembre de 2013

25-N: LA VIOLENCIA DE GÉNERO MÁS ALLÁ DE LOS GOLPES FÍSICOS


"La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso."
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Erasmo de Rotterdam
-



Artículo publicado en la revista digital de los CJC, Tinta Roja

Que el capitalismo genera violencia no es algo que hayamos descubierto recientemente, aunque lo que sí hemos visto en estos últimos años es que éste la agudiza conforme se va sumergiendo en su propia crisis, mientras chapotea para no ahogarse y va dando desesperados aunque precisos coletazos en su intento por preservar su vida.

El estudiantado obrero y de extracción popular o los trabajadores que cada vez se aproximan más a la línea que separa la esclavitud del trabajo asalariado son sólo dos de las víctimas más perjudicadas por estos coletazos, pero hay otra que viene sufriendo no solamente la creciente agresividad de los golpes que propina el capitalismo agónico, también los de otro monstruo que, lejos de estar hundiéndose como lo hace su hermano pequeño, permanece en tierra firme y con los pies fuertemente enterrados en el suelo y aferrados a él. El patriarcado muestra su rostro desprovisto ya de máscaras que disimulen su expresión de horrible criatura, de inmunda bestia que a su paso tortura, esclaviza y asesina de manera inmisericorde y gozando de plena impunidad.

Desde los medios de comunicación se nos enseña únicamente una sola parte de este semblante, la parte meramente doméstica, que nos es mostrada tan solo cuando ya es más que evidente y resulta imposible de ocultar, cuando ya se ha derramado la sangre sobre el suelo o ha salpicado el rellano de la escalera y el caso ya no sirve más que como carnaza para los informativos del mediodía.

Ya son 44 las mujeres que han sido víctimas de la violencia de género en lo que va de este año que acaba, la parte más visible y dramática de una larga historia de dominación y supremacía, pero no la única. En el marco de crisis sistémica en el que nos encontramos envueltos, entre sentencias irrisorias contra los agresores y farisaicas campañas que nos muestran a la mujer como una criatura frágil e indefensa que lame sus heridas acurrucada en un rincón, podemos ver cómo los recursos destinados a ayudar a mujeres maltratadas como las casas de acogida o los centros municipales de asistencia ya están condenados a la desaparición, así como las ayudas a la maternidad, que con su aniquilación tan solo se pretende aumentar y preservar los viejos y estériles valores de dependencia hacia el sujeto masculino, en el caso de que éste decida hacerse responsable. A todas estas trabas se suma la de la privatización del aborto, que dificulta todavía más la libre elección en el ámbito reproductivo. Por consiguiente debemos entender que la mujer es débil por si sola tanto como lo es el hombre ante este sistema despótico, como lo es cualquier sujeto cuando no está organizado ni es consciente de su condición de explotado. Debemos entenderlo e interiorizarlo para hacer frente a unos cánones impuestos desde hace siglos, que nos muestran a la mujer como un ser vulnerable por naturaleza que poco ha de decidir sobre su futuro a parte de los nombres que les pondrá a sus hijos.

La creciente violencia contra las mujeres es un ejemplo flagrante de hacia dónde apuntan y en qué lugares pretenden herir los golpes que asesta el capitalismo de la mano de su más fiel aliado, el sistema patriarcal caduco y recalcitrante. La división sexual del trabajo destinada a negar a la mujer como productora y condenarla al ostracismo doméstico y por tanto a la dependencia del hombre, la doble explotación como obreras y como sexo débil o la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina son los moratones que provoca el sistema a través no solamente de un marido, sino también del magistrado que alega que una denuncia es falsa y falla en favor del acusado, o del patrón explotador que somete a la cajera del supermercado o a la empleada del almacén de cítricos a base de contratos basura, impagos, extorsiones o despidos improcedentes.

Ante un panorama tan desolador, se hace urgente una respuesta organizada, por parte de hombres y mujeres, que golpee como un solo puño al patriarcado y al capitalismo que lo secunda. Porque la violencia brutal que sufren las mujeres en todos sus sentidos, deja más marcas de las que se pueden ver a simple vista.

-Kevin Laden -

viernes, 8 de marzo de 2013

8 DE MARZO: HOY NO ES EL DÍA DE TODAS LAS MUJERES


”En lo que respecta a la mujer proletaria, es la necesidad del capitalismo de explotar y buscar incesantemente mano de obra barata lo que ha dado lugar a la cuestión femenina. Por tanto, la batalla de la mujer proletaria no puede ser igual a la que la mujer burguesa libra contra el varón de su clase.”


Aunque lo que verdaderamente pareció demarcar el ya de por sí difuso origen del Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue el incendio que asoló la neoyorquina fábrica de “Triangle Shirtwaist Company”, en el que fueron encerradas 140 trabajadoras – además de seis trabajadores – que acabaron muriendo calcinadas o asfixiadas por el humo, lo cierto es que quizá el germen de este día lo podamos encontrar en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. En ella, la dirigente comunista y ferviente luchadora feminista alemana Clara Zetkin manifestó la necesidad de la existencia de un determinado día de lucha para las mujeres obreras. Si bien de esta conferencia no saldría una fecha específica y a partir de entonces el día variaba según el país, fue cuatro años después cuando Alemania comenzó a celebrar este día en la fecha del 8 de marzo. Más tarde se produciría en Petrogrado un fuerte levantamiento por parte de las trabajadoras del sector textil contra la explotación, la desigualdad y la miseria que padecían bajo el dominio zarista, dando lugar así a una masiva huelga que sería decisiva para la primera fase de la Revolución Rusa, conocida como la Revolución de Febrero (estos hechos ocurrieron un 23 de febrero según el calendario juliano, 8 de marzo según el gregoriano u occidental), así como para el reconocimiento a escala internacional de la fecha. Aunque su asentamiento oficial y definitivo no sería hasta la Conferencia de Mujeres Socialistas que se celebró en la URSS en 1921. 

En nuestros días se celebra sencillamente el Día Internacional de la Mujer desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas decidiera en 1975, en un claro ejercicio de manipulación histórica, arrancar de un plumazo  cualquier carácter de clase que este día pudiera haber tenido en el pasado, borrando de la memoria colectiva la directa conexión que existía entre la lucha de las mujeres por su emancipación y la Revolución Socialista de Octubre. Hoy nos presentan el 8 de marzo como una reivindicación de naturaleza interclasista en que la mujer manifiesta su feminidad a golpe de bailes y cánticos, y pasan a un segundo plano sus más justas batallas, como son la violencia que ejerce sobre ellas el patriarcado dejando al año centenares de víctimas en todo el mundo o la doble explotación que sufren en sus puestos de trabajo como mujeres y como clase obrera. Se reducen las que históricamente han sido las principales luchas de la mujer trabajadora a meras reclamaciones de igualdad de género cargadas de benevolencia y folclore, y son despojadas de cualquier atisbo de combatividad que pueda convertir al sexo débil en ese tan temido ente que piense y actúe por sí mismo, como lo son todas aquellas mujeres que saben que junto a la burguesía no hay igualdad posible. Hoy la burguesa bien posicionada se viste de feminista y grita a los cuatro vientos que quiere derechos mientras haya un periodista cerca para dejar constancia, mas no dice que exige “pan y paz”, sino que pide igualdad y respeto, perpetuando así la vieja concepción de que la mujer es una criatura frágil a la que hay que mimar y defender, pero jamás instar a que alce el vuelo y tome los mandos de su propia guerra, no vaya a ser que esto suceda y que el fantasma de Lydia Litvak despegue de nuevo. 

Al sistema capitalista no le interesa ni le ha interesado jamás acabar ni con el feminicidio, ni con la desvalorización del trabajo ni con la explotación laboral tanto de clase como de género, pues la desigualdad y la opresión son inherentes al capitalismo e imprescindibles para su natural funcionamiento. Es por tanto más que un requisito, una obligación moral el arrebatarle a las instituciones lo que sin duda fue uno más de los logros del proletariado, el dejar patente y no olvidar que las sendas de las mayores conquistas sociales han sido dibujadas con las huellas de pasos de mujeres, las mismas huellas que han de marcar hoy el camino que las conducirá junto con el resto de la clase oprimida a la ruptura definitiva con el capitalismo que nos exprime a todos y a todas, y con el patriarcado como su inseparable apéndice y encargado de exprimirlas exclusivamente a ellas todavía más. La mujer obrera es por tanto un ser socialmente desamparado, pero igualmente implacable en la contienda y aquí la historia me da la razón. A nadie conviene olvidársele ni en un día como hoy, ni nunca. Hoy es un día de luchadoras, no de cobardes.  

- Kevin Laden -